El mientras tanto
atravesando un desierto.
Estoy escribiendo una novela y no tengo ni puta idea de cómo hacerlo. Me paralizo. Me congelo. Me siento en mi escritorio que ahora además es nuevo porque el viejo era muy pequeño, porque por lo pequeño se me hacía incómodo, porque justo por lo incómodo es que no me daban ganas de escribir, porque no cabía el computador y todos mis libros, y cuadernos, y el café, y la vela, y la planta, y el calendario, al tiempo, porque me tocaba organizar antes de sentarme a escribir y me distraía.
Entonces, listo, un escritorio nuevo, y llegó, y lo armé, y ahora escribo esto desde mi escritorio nuevo y, todo esto, sabiendo más que bien que el no escribir no tiene nada que ver con lo incómodo, ni con lo pequeño, ni con el orden, ni con el escritorio, pero a la mente le gustan sus caprichos y, ¿qué hacemos?, la complacemos. Todo lo que haga falta para que se quede quietica por un tiempo. Spoiler alert: no funciona.
He escrito en miles de lugares, con mesa, sin mesa, en una hamaca con los brazos entumecidos, en un trayecto de bus, en aviones y trenes, acostada róstizandome debajo del sol y hasta en la pequeña pantalla del celular usando notas. El escritorio no era el problema. Nunca nada externo lo es y que gonorrea se está sintiendo atravesar este desierto.
Gonorrea. Esa fue la palabra que le di a mi 2024. (Y si hay por aquí personas no Colombianas ajenas al término, pueden entenderlo como: hijueputa. Pero no el hijueputa del insulto pero sí el hijueputa de asombro, de sorpresa, de no me estaba esperando esto, el oh my god, el uy marica, el coño de tu madre, ostia tía, que se suspira al bajarse de una montaña rusa). Y gonorrea (oh my god, hijueputa, uy marica, coño de tu madre) lo que estoy sintiendo cada vez que me siento a “escribir la novela”.
Las técnicas las tengo todas, ninguna que me haya iluminado el camino hasta ahora. Que si tener una estructura para cada capítulo. La voz. El ritmo. El estilo. Planteamietno, nudo y desenlace. Arco del protagonista. Deseo consciente. Deseo inconsciente. Tensión dramática. Caracterización de los personajes. Ambientación. ¿Cuál es la peripecia? Se necesitan acciones. No, no seas explicativa. No, no describas tanto. Quítale el zoom al narrador cámara. Acércate más. No, los adverbios no. No me digas, muéstrame. GONORREA. Y yo lo que más quiero es salir corriendo. Y corro. Y corro. Y corro. Y sigo en el mismo lugar.
Me sueño el resultado pero es el mientras tanto el que se me hace imposible ver, sentir, proyectar, atravesar. El desierto. La nada. El vacío. Me sueño el libro terminado. Me sueño el libro en mis manos, impreso en una editorial grande, y no solo grande, si no, grande, grande. Un bestseller internacional. Viajar por el mundo dando conferencias de ese libro. Traducido a cinco lenguas, a siete, a mil. Recibir mensajes de millones de lectores contando su experiencia al leerlo. Lo quiero todo. Y no lo sueño, y lo quiero, y lo deseo en forma de “esto se está sintiendo muy grande e imposible y mejor no y no pienses en el resultado si no en el proceso y quítale el peso que le estás dando”, no, porque ese soñar mío no se está sintiendo pesado. Si no más bien viene de un lugar de la niña chiquita que con todas sus fuerzas está convencida de que será astronauta y que si lo llega a ser o no no tiene importancia alguna pero que en el instante en el que ella está metida en la caja de cartón nadie en la faz de la tierra es capaz de convencerla que ella no está en una nave espacial en camino hacia la luna.
Estoy en esa caja de cartón camino a la luna cuando pienso y sueño en ese resultado. Pero ese mientras tanto que me es imposible ver se resume en el que sea capaz yo de parirlo. ¿Capaz? Sí. ¿Cómo? Ni idea. O sí, sí sé cómo, escribiendo. Y ahí llega el desierto.
Este último año y medio he aprendido y leído sobre teoría de la escritura, grandes autores compartiendo consejos, herramientas, técnicas, pero la teoría es humo cuando lo que tienes por delante es la práctica. Hace unos días un profesor (del máster de narrativa que estoy cursando) nos dijo que escribir de escritura era de genios, ya sea porque te estás inventando algo nuevo sobre la escritura, o de imbéciles.
En otra ocasión, ya hace más tiempo, otro profesor me dijo: parece que la protagonista está enamorada de sí misma, eso no funciona. Y yo: pues claro, ¿y si no quién? Si ella no está enamorada de sí misma, ¡¡¡¡¿entonces quién?!!!!!
Si no me enamoro yo de mí, ¿entonces quién? Si no me enamoro yo de esos sueños ridículos, ¿entonces quién? Si no soy yo la niña chiquita convencida que su caja de cartón es un cohete en camino a la luna, ¿entonces quién? Si no escribo de la escritura, que es en parte de lo que me gusta escribir, ¿entonces quién? Comentario de imbécil a que sí.
No me da miedo ser una imbécil. Creo que de eso somos bastante. Antes me pregunto, ¿y si soy la imbécil más extraordinaria que alguna vez ha tenido al escritura? Eso sí sería algo. Pienso lo mismo cuando se trata de soñar la vida en grande, aunque en mi máster nos dirían: por favor sean realistas. Ser realistas, eso a mi me parece de imbéciles. Sobretodo cuando la realidad nos demuestra una y otra vez que no existe. Nunca en blanco y negro. Si me puedo imaginar lo que sea, ¿por qué me voy a limitar? Que la realidad sea otra cosa ya eso no es problema mío, pero los sueños, la imaginación, mis puntos de vista, eso sí. Y de eso me hago cargo.
¿De qué va mi novela? De mi perra blanca, por supuesto. Me cambió la vida y es el tributo que le hago.
¿Qué es lo importante cuando nada de lo que te importaba ahora te importa?
¿Qué vale en la vida?
¿Qué hace que la vida valga la pena?
¿Cómo se sale de un vacío?
¿Cómo volver a ti si nunca has estado antes?
¿Cómo se atraviesa un mientras tanto?
Esas son las preguntas en las que estoy nadando para escribir mi novela. O eso creo. A estas alturas no tengo muchas cosas claras. Las estoy descubriendo. Lo que sí sé es que escribo para darle sentido al tiempo. Escribo para no ahogarme. Escribo en forma de rezo. De ancla. Escribo porque belleza y dolor son sinónimos cuando excavamos adentro. Escribo por placer, por necesidad, por obsesión, por locura. Escribo por lo intensa. Por lo viva.
«Estamos en presencia de un hombre en un trance de autoanálisis: un hombre que nunca llevará a la práctica lo que sabe y, por lo tanto, está obligado a seguir sabiendo, en gerundio» (del libro La situación y la historia, de Vivian Gornick).
Me siento ese hombre. Una mujer en un trance de autoanálisis que está obligada a seguir escribiendo, en gerundio. De imbéciles o no, aquí estamos, de pies descalzos atravesando el desierto. Espero en unos meses tener otra historia para contar, esta vez, de cómo escribí mi primera novela y cómo me ayudo ser una imbécil.
Mi gran inspiración para hoy, nunca antes más preciso:
gracias por estar,
gracias por leer
y gracias por acompañar este viaje en el desierto
somos los caminos compartidos que vivimos en soledad
todo mi amor siempre,
Isabella.
P.D: Si me quieres seguir leyendo, te recomiendo esta entrada a mi blog (diferente a este espacio): mi apartamento de soltera que reléi hace poco y si bien con varios errores gramáticos (que me perdone dios) es una joya de lectura.
P.D2: De ese mientras tanto va mi novela.



Ups, me veo ahi contigo. Al menos tu compraste un escritorio nuevo, yo termino en la colchoneta haciendo yoga o en el gym. Porque mi hora de escribri es tempranito an la mañana y la evado con la necesidad de hacer algo por mi cuerpo como si él estuviera antes que mi alma...
Btw, me encanta tu escritorio así te hayan sobrado tornillos....
Abrazo Isa. Yo tengo el borrador de mi primer libro y nada que avanzo. Me leo en tus círculos porque yo estoy en los míos. Mi libro va de la muerte de mi mamá y a veces pienso que mi yo interno se resiste a revivirlo y me sabotea. Quiero terminar el borrador este primer trimestre. Quiero auto publicarme este semestre y a veces siento que ni una cosa ni la otra va a pasar. Es un laberinto interno. Estoy perdida en el laberinto y aunque tengo el espacio en mi agenda para aplicarme y salir de el, sigo atrapada. Espero que las dos salgamos de los círculos eternos de este parto pronto.